¿Cómo podemos llegar a ser autosuficientes?

La autosuficiencia espiritual y temporal son ambas una parte integral del evangelio de Jesucristo.

Nota de prensa

La autosuficiencia espiritual y temporal son ambas una parte integral del evangelio de Jesucristo.

“La autosuficiencia es la capacidad, el compromiso y el esfuerzo de proporcionar los elementos espirituales y temporales indispensables para sostener la vida de uno mismo y de la familia. Conforme los miembros lleguen ser autosuficientes, también tendrán mayor capacidad para servir y cuidar de los demás.

Los miembros de la Iglesia son responsables de su propio bienestar temporal y espiritual. Bendecidos con el don del albedrío, tienen el privilegio y el deber de fijar su propio curso, solucionar sus propios problemas y esforzarse por llegar a ser autosuficientes. Los miembros hacen esto bajo la inspiración del Señor y con la labor de sus propias manos”.

¿Cómo puedo llegar yo a ser autosuficiente temporalmente?

Aprender el valor del trabajo y el valor que este supone

“Debemos darnos cuenta de que el privilegio de trabajar es un don, el poder de trabajar es una bendición y lograr el amor al trabajo es un éxito”

El valor del trabajo en nuestras vidas es esencial para aprender las lecciones que producirán una felicidad y progreso duraderos.

Las bendiciones del trabajo en la familia incluyen la emoción del esfuerzo creativo y el de “un trabajo bien hecho”, además de permitirnos adquirir habilidades para el presente y el futuro, rendir servicio a nuestros semejantes, comprender las expectativas y el rendimiento en el trabajo y aprendiendo autodisciplina.

Aprovechar las oportunidades educativas

Antes de ir a la escuela infantil, se espera que aprendiéramos a atarnos los cordones de los zapatos, decir la hora al mirar el reloj, memorizar la dirección de casa y el número de teléfono y practicar el ir solos caminando al colegio. Durante nuestra vida escolar, se nos animaba a dar lo mejor de nosotros en el colegio y nuestros padres siempre esperaban que alcanzáramos todo nuestro potencial. Siempre estamos aprendiendo.

La fe precede al milagro

Señor sí nos ayuda cuando acudimos a Él en los momentos de necesidad, sobre todo cuando somos dedicados a Su obra y hacemos Su voluntad. Pero el Señor solo ayuda a los que están dispuestos a ayudarse a sí mismos. Él espera que Sus hijos sean todo lo autosuficientes que puedan ser”.

Una graduada reciente del curso de autosuficiencia cuenta su propio viaje de fe y acción:

“Comencé poniendo en práctica todo lo que aprendí, incluyendo el uso sabio de mi tiempo. Ahora siento que soy importante como persona y capaz de hacer cosas que nunca habría siquiera imaginado en el pasado.

Leo las Escrituras y oro con todo mi corazón todos los días; sé que soy importante para mi Padre Celestial. Empezaron a pasarme cosas que nunca habría imaginado. Fue increíble. Era como si alguien guiara mis pasos en mi búsqueda de empleo. No tuve problemas con el idioma.

Cuando me presenté a una señora que buscaba a alguien para cuidar a su hija pequeña, tan pronto como atravesé la puerta, la pequeñita me abrazó y me besó. Estuvo a mi lado durante toda la entrevista y por este motivo conseguí el empleo. Su esposo nos está ayudando ahora a encontrar trabajo para mi hijo.

Desde entonces, otra persona nos ha ofrecido trabajo. Una hermana de la Iglesia me ayudó a encontrar un piso donde vivir. Por primera vez en mi vida estoy haciendo cosas que nunca había sido capaz de hacer antes”.

Para llegar a ser autosuficientes, intentaremos cultivar una buena salud mediante el ejercicio físico regular, una dieta saludable y buenos hábitos de higiene personal. Viviremos dentro de nuestros medios y ahorraremos lo que podamos, a la vez que evitaremos endeudarnos. La persona autosuficiente ayunará y donará con alegría una ofrenda de ayuno generosa.

El camino a la perfección requiere vivir el Evangelio cada día, siempre. El esforzarse en llegar a ser autosuficiente temporalmente requiere poner en práctica todos los principios del evangelio de Jesucristo.

 Notas:

1Manual 2, 6.1.1.
2David O. McKay, Pathways to Happiness, 1957, pág. 381.
3Elder L. Tom Perry, Liahona, Noviembre, 1991.
4Véase también DyC 60:13; 130:20-21.

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